No existe lazo ya; todo está roto;
plúgole al cielo así; ¡Bendito sea!
Amargo cáliz con placer agoto:
mi alma reposa al fin: nada desea.
Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:
¡Nunca si fuere error la verdad mire!
¡Que tantos años de amargura llenos
trague el olvido, el corazón respire!
Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
una vez y otra vez pisaste insano;
mas nunca el labio exhalará un murmullo
para acusar tu proceder tirano.
De grandes faltas vengador terrible
dócil llenaste tu misión, ¿lo ignoras?
No era tuyo el poder que irresistible
postró ante tí mis fuerzas vencedoras.
Quísolo Dios y fue: gloria a su nombre;
Todo se terminó: recobro aliento;
¡Ángel de las venganzas! Ya eres hombre.
Ni amor ni miedo al contemplarte siento.
Cayó tu cetro, se embotó tu espada…
Mas ¡ay! ¡Cuan triste libertad respiro!
Hice un mundo de ti que hoy se anonada,
Y en honda y vasta soledad me miro.
¡Vive dichoso tú! Si en algún día
ves este adiós que te dirijo eterno,
sabe que aun tienes en el alma mía
generoso perdón, cariño tierno.
Gertrudis Gómez de Avellaneda
La existencia precede a la escencia- Jean Paul Sartre L'a age de la discretion monologue La femme rompue- Simone Beavoir He abierto la ventana. París olía a asfalto y a tormenta, abrumado por el pesado calor del verano.
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martes, 16 de julio de 2013
miércoles, 3 de julio de 2013
CON FRECUENCIA TE RECUERDO.... HISTORIA DE LUISA
Con cierta frecuencia te recuerdo y esta es mayor a la
frecuencia con la que te recordaba cuando estaba en París. Es extraño pensar
como la vida da giros inesperados y siento ahora como la cuenta regresiva
empieza a agotarse para encontrarme nuevamente contigo. Sé que ese día llegará
pero realmente no sé cómo reaccionaré, las calles me traen tu recuerdo, un
aroma, una melodía y es como si pudiera viajar en el tiempo a aquella época que
no sale de mi memoria, la intensidad de aquellos momentos que cercenaron mi
corazón para siempre e inhibieron mi sentir no sé hasta cuando… He imaginado el
momento de volverte a ver por años, suponiendo miles de cosas, no sé si podre
mirarte a los ojos otra vez, no sé si podre volverte a hablar no sé si lo
soportaría, se que debo enfrentar ese momento cuando llegue, pero su cercanía
hace que mis heridas se resientan… se que jamás le olvidaré, hizo parte de mi
vida y consiguió que me hiciera amiga del dolor… Hay heridas que nunca cierran, y él, más que amor u odio es una herida que jamás curó, porque aparentemente he
logrado superarlo, pero si lo recuerdo le herida duele y a veces duele tanto
que las lagrimas intentan salir.
Justo este paisaje me hace recordar la noche en que me
encontré contigo en el centro comercial, ya no recuerdo como me saludaste
ni que hicimos luego, sólo fragmentos de cosas… se que fuimos a tu casa, pero
no sé por qué me quedé, pero sí recuerdo el cigarrillo que fumaba, el árbol
desde la ventana que movía sus hojas, la brisa en mi rostro y verte con tristeza,
con profunda tristeza porque yo ya te amaba. Estas son cosas que solo existen en mi
memoria, cuadros de momentos que no volverán, almacenados en un lugar casi
intocables… imperceptibles en mi vivir. Mi amor solía ser tan genuino aunque
oculto para ti por mucho tiempo, mi amor era, ya no es, y no será… mi amor por
ti era incalculable, completamente incondicional e irremediablemente amor,
ahora solo queda el recuerdo de ello, el recuerdo de lo que yo te amé.
Sentía que te amaba incansablemente, que te amaba con dolor
profundo, con pasión ardiente, en darte mi vida a cambio de nada; porque me
entregué a cambio de absolutamente nada…
de dolor… y recuerdo esa noche en
la que la melodía decía “para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra…..
solo me hace falta que estés aquí con tus ojos claros…” y tener la ilusión
–loca- de que realmente pensaras en mí, pero en cambio estabas pensando en
ella. Siempre pensé ¿Qué puedo perder?...
perdí más de una vida la de él, casi la mía –Juan y Luisa-, perdí mi amor, perdí el amor y
creo que para siempre… en qué momento dejé que todo pasara, en qué momento se
convirtió en un daño irreparable y era yo siempre luchando incansablemente hasta que llegó el día en que ya no tenía fuerzas… había perdido las ganas y no solo las ganas
sino el sentido de la vida misma.
Como no recordarte, como separarte de mis pensamientos, como
volver a encontrar el sentido del amor, parece ahora imposible… Sólo el dolor
logra mantenerme a flote, a través de el logro mi equilibrio. El dolor se ha
convertido para mí en el polo a tierra pero que hace más pesada mi carga…
después de haber perdido tanto… es un forma de vivir, una nueva forma de
sentir, el dolor vive en mi desde hace más de 4 años y hace que pueda estar en
pié, sin caídas emocionales, me advierte del riesgo del amor, me recuerda que
estoy dañada emocionalmente para siempre, me hace pensar que si sigo así todo
estará muy bien. El dolor se ha vuelto mi máscara, impenetrable para cualquier
sentimentalismo que pueda aparecer.
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