Recientemente me cambié de ciudad, regresé a la ciudad que amo Bogotá, tuve la oportunidad de reencontrarme con muchas personas de mi pasado como con Angélica mi gran amiga del colegio. El vernos con los años encima, casadas, solteras, con muchas historias por contar después de no vernos por once años fue algo realmente maravilloso.
Hemos vuelto a ser las amigas que solíamos ser, seguramente con mucha más madurez que antes y dándonos cuenta de lo que nos ocultamos en el pasado; es extraño ver como seguimos siendo las mismas adolescentes risueñas a pesar que han pasado los años, nos hemos permitido guardar nuestra esencia en lugares casi intocables a los torbellinos de vida que nos han acaecido. La importancia de nuestra vida de permanecer frente al camino, aprovechando los pequeños buenos momentos que esta nos ofrece para disfrutar.
Aprende tú a encontrar lo bello en las pequeñas cosas de la vida, yo la aprovecharé hasta cuando se me permita estar aquí. Gracias amiga Angélica por ser siempre la misma.

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