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domingo, 25 de septiembre de 2016

Después de muchos meses de no vernos, nos reencontramos en medio de risas, escuchando las canciones que evocaban recuerdos de otras épocas y bebiendo el vino que tenía una historia de un árbol sagrado. Este ambiente en confianza permitió narrar las experiencias de los últimos meses y, adicionalmente, conversar sobre diversos temas relacionados con la existencia de la mujer en la actualidad… recordé la siguiente frase de Borges: “Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón; a través de los siglos y latitudes, cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas”, al imaginar a mujeres de otras épocas conversando en cafés con sus amigos sobre la libertad individual, sobre su rol en la sociedad y los obstáculos que encontraban a diario al querer expresar sus ideas o al pretender ser.  Mencionamos el hecho de que nos encontramos en pleno siglo XXI, donde las mujeres asumen diferentes roles como empresarias o en cargos políticos en diferentes lugares del mundo, donde aprobaron este año el matrimonio igualitario en nuestro país, pero donde también persiste el maltrato hacía la mujer en nuestras familias o simplemente lo vemos a diario, muy de cerca o lo tenemos que enfrentar… esa noche pensé en Simone de Beauvoir, en Sartre, en Camus, e imaginé como serían sus conversaciones sobre el existencialismo como una forma de filosofía para transformar la vida de las personas, casi que me sentí como en el Café de Floré porque esa experiencia de compartir pensamientos y anécdotas con estas mujeres que tanto admiro, se convirtió en una serie de sensaciones reveladoras y de las cuales surge la necesidad de desarrollar muchas ideas y permitir con esto que nuestra esencia fluya libremente. 




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